sábado, 19 de agosto de 2017

SICARIOS DE DIOS *


Tiene que haber mucho odio y mucho desprecio a sí mismo, mucha cobardía y mucho resentimiento -haciendo culpables a los demás del propio fracaso personal-, para convertirse en un sicario de dios. Solo esas debilidades mentales pueden estar detrás de tanta maldad estúpida eficazmente manipulada por la maldad inteligente de quienes se sienten intérpretes de un dios cruel que solo existe en sus podridas conciencias.

Matan en nombre de dios para salvar ese pellejo pecador y ser alguien en el paraíso de la propaganda y la memoria de otros pecadores que serán captados para ser carne de cañón matando infieles: mujeres y hombres descreídos y apóstatas que sin embargo viven, pasean, bailan y beben felices; que no creen que todo es pecado ni se avergüenzan de su cuerpo; que simplemente buscan un pequeño trozo de paraíso aquí, en la tierra.

Qué horrores les habrán prometido por la vida impía que han llevado -comiendo y bebiendo lo prohibido, no cumpliendo rigurosamente lo obligatorio- para querer lavar sus pecados con su propia sangre y con la sangre de los que asesinan; qué sutilísima maldad la de convertir al don nadie pecador en asesino protagonista con la promesa de transformarse en un mártir amado por su dios. Quizá sea más fácil creerse eso que aceptar que tras su pobre vida pobre, le espera una pobre muerte miserable y la repugnancia de fieles e infieles bien nacidos.

Barcelona, Niza, París, Londres, Berlín, Madrid… da igual. Atacan a la Europa secularizada y libre porque odian que sepa vivir feliz sin dioses.

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