sábado, 9 de julio de 2016

RESULTA QUE SÍ HABÍA UN MAÑANA *

Mientras el Partido Popular tuvo mayoría absoluta tanto en el Congreso (de los Diputados) como en el Senado, entre 2011 y 2015, legisló sin miramientos imponiendo su mayoría como si no hubiera un mañana: embebido en la soberbia de su imbatibilidad en el Parlamento despreció toda negociación con los partidos de la oposición, aprobó en solitario recortes neoliberales y leyes ultraconservadoras, y recurrió ante el TC todo lo que no encajaba con su forma de entender España. Pero resulta que sí había un mañana (un después, un hoy, un ahora), y ahora que necesita negociar para mantenerse en el gobierno, se encuentra solo porque nadie le quiere como socio.

Para alcanzar un acuerdo de mínimos que permita un gobierno estable que pueda gobernar, pide el PP ahora a los demás la moderación, la generosidad y el sentido de Estado que no tuvo ni en la oposición ni en el gobierno. El problema es que se lo pide a quienes tienen sobre sus hombros dos pesadas cargas: lo que pasó en las dos últimas legislaturas, la de la mayoría absoluta y la fallida del 20D (la soberbia, los recortes sociales, las innecesarias tensiones con los nacionalismos, los recortes de derechos y de libertades, la espantá de Rajoy para la investidura, el suma y sigue de los casos de corrupción, y no sé cuántos etcéteras más), y las consecuencias que tendría ese apoyo en el futuro del país y de sus propios proyectos políticos.

Descartado el acuerdo de gobierno con Unidos Podemos (que Iglesias Turrión ha decidido convertir en un partido normal), la realidad es que el PSOE solo tiene tes caminos: entregarse a la gran coalición con el PP; negociar contrapartidas a cambio de la abstención (o la ausencia) de uno, varios o todos para que gobierne el PP; o provocar unas terceras elecciones. Susto o muerte, vaya.

Mientras todo parece estar en stand by, el PNV ya ha puesto sobre la mesa la agenda vasca y el acercamiento de presos, quizá esperando averiguar si Rajoy o Sáenz de Santamaría hablan euskera en la intimidad. 

* Publicado en elperiodico.com Entre Todos, con el título El pasado del PP se vuelve ahora en su contra. 09.07.2016

domingo, 3 de julio de 2016

LOS PARTIDOS NACIONALISTAS Y LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO * **

Cuatro de las cinco ocasiones en que ha habido gobiernos en minoría, porque no hubo una mayoría absoluta tras las elecciones, se resolvieron con el apoyo de partidos nacionalistas (básicamente de CiU, PNV y CC pero también de ERC en una ocasión). Sin embargo, son demasiados los puentes que se han dinamitado desde entonces entre el Gobierno de España y el gobierno autónomo de Cataluña (y del País Vasco) y demasiados los agravios y las provocaciones mutuas: desde la sentencia del TC recortando el Estatuto refrendado por los ciudadanos, hasta las conspiraciones grabadas en despacho ministerial; desde el desafío del referéndum en urnas de cartón, hasta la hoja de ruta hacia la independencia en marzo de 2017. En este contexto, parece imposible revertir la situación y que vuelvan a implicarse los partidos nacionalistas en la construcción en común de un Estado más justo para todos.

Y efectivamente, tras las elecciones del 20D, en las que ningún partido tuvo mayoría suficiente para gobernar, la legislatura fracasó entre otras cosas porque la opción de pedir apoyo a los partidos nacionalistas se vetó y se descartó de antemano marcándola como una de las líneas rojas irrebasables precisamente por reivindicar el derecho a decidir.

El Partido Popular ha vuelto a ganar las elecciones del 26J, incluso con más votos y escaños que las anteriores, pero el panorama general no es muy distinto al que había: ningún partido cuenta con mayoría suficiente y, en consecuencia, deben buscarse acuerdos a dos o tres bandas entre los mismos actores que no se pusieron de acuerdo hace solo unas semanas. Sin embargo, entre todas las posibles combinaciones que se barajan, de nuevo se excluye a los partidos nacionalistas exactamente por las mismas razones.

Que sería bueno para la estabilidad política y para la convivencia de todos encontrar la fórmula para que los partidos nacionalistas quisieran implicarse en la política de Estado (y del Estado), quiero pensar que es algo en lo que todos, o al menos la mayoría, estaríamos de acuerdo. Y desde ese criterio, hay una combinación ingenua que podría resolver satisfactoriamente la compleja situación política: unir para la investidura del próximo Presidente los 179 votos que suman PSOE, UP (y sus confluencias), ERC, CDC, PNV y CC e iniciar una legislatura breve con tres ejes básicos: redacción de una nueva Constitución en clave federal con la participación activa de los partidos nacionalistas renunciando (al menos temporalmente) a sus tesis secesionistas; compromiso con una agenda social urgente (plan contra la pobreza, blindaje de derechos sociales, etc.); y acciones contundentes para la regeneración democrática y contra la corrupción. La disolución de las Cortes, unas nuevas elecciones y un referéndum de ratificación de la nueva Constitución en 2019 completarían esta otra hipotética hoja de ruta.

En las actuales circunstancias de incertidumbres, de sospechas, de conspiraciones y desconfianzas de todos contra todos quizá sea ésta una opción irreal e irrealizable porque efectivamente ya no haya posibilidad de acuerdo alguno, pero garantizaría un gobierno con un apoyo amplio y muy alejado de las políticas neoliberales, conservadoras y recentralizadoras de un PP que puede vivirse absuelto de corrupción por las urnas; y podría servir, además, para empezar a reconstruir los afectos recíprocos perdidos y para empezar a resolver empáticamente el problema territorial del Estado reincorporándose, mejor aún si participaran en el gobierno, los partidos nacionalistas a la tarea de reconstruir un Estado que cada vez está más cerca del abismo

* Publicado en infoLibre.es Librepensadores. 03.07.2016

viernes, 1 de julio de 2016

UNA MUECA DEL DESTINO **


Dos meses antes de las últimas elecciones, el 27 de abril, cuando Podemos e Izquierda Unida tanteaban la posibilidad de unirse en coalición en vista de las buenas perspectivas electorales, escribí el post La suma no es automática * -que no llegó a publicarse en ningún periódico digital- en el que dudaba de que efectivamente se pudieran sumar sin más los votos de unos y otros en las siguientes elecciones. Argumentaba en él que quienes votaron a UP-IU el 20D pudieron votar a Podemos y no lo hicieron, aunque los vientos electorales iban claramente a favor Iglesias Turrión, por lo que podría suponerse que fueron votos firmes y bien premeditados.

Si traigo esto ahora no es para apuntarme mérito alguno (de Iriarte aprendí que al burro le sonó la flauta por casualidad), sino porque creo que, en parte, explica qué ha ocurrido con el millón largo de votos que Unidos Podemos, en una amarga mueca del destino, ha perdido el 26J.

Quizá haya sido la confianza irracional en esa hipotética suma lo que esté detrás de la errónea sobrevaloración que los cocineros de encuestas dieron a la coalición, y de la confianza ingenua del staff de Unidos Podemos al dar valor a esas previsiones mal cocinadas.

Cocineros y podemitas obviaron que los votos no son de los partidos, sino de los ciudadanos, que eligen dárselo a unos u otros según su criterio. La razón, el sentimiento, el resentimiento, el miedo, el cálculo, la ilusión, el capricho, la protesta, la pereza, el castigo, el desencanto, la rabia y hasta el azar son criterios igual de eficaces y suficientes para decidir el voto o la abstención. Y, más allá de las encuestas, cada quien sabe qué quiere hacer finalmente con su voto.

No es difícil imaginar al votante de UP-IU del 20D perplejo al oír cómo Unidos Podemos, después llamarle cenizo, izquierdista tristón, amargado y recomendarle que se cociera en su salsa llena de estrellas rojas, contase sin más con su voto, como si efectivamente fuera de ellos y no de quien va a meter la papeleta en el sobre y el sobre en la urna, si acaso decide ir al colegio electoral. Como no es difícil imaginar a no sé cuántos votantes de Podemos del 20D igual de perplejos al ver cómo se pasaba sin pudor de la transversalidad a presentarse como la izquierda de toda la vida y como socialdemócratas; o cómo las referencias bolivarianas desaparecían del discurso y se presentaban impúdicamente como herederos nada menos que de Salvador Allende