viernes, 3 de mayo de 2013

LA HIPÓTESIS DEL TERCER PUESTO

Cada vez suena a más probable y menos disparatada la posibilidad de que Izquierda Unida supere en votos al PSOE y que éste pase a ser la tercera fuerza política (o aún la cuarta si la progresión de UPyD sigue aumentando). En el sondeo publicado ayer en El País referida a Madrid -aunque poco fiable técnicamente, telefónico, muy de prisa-, se aprecia bien que apenas hay entre ambos partidos un punto de diferencia, pero la tendencia es a la baja en el PSOE y al alza en IU. En el resto de España el panorama no parece que sea muy distinto, en este asunto, al de la Comunidad de Madrid.

Seguro que son muchas las razones que lo están haciendo posible, pero algunas parecen muy evidentes: la rendición neoliberal de Zapatero en mayo de 2010 -cueste lo que cueste, etc.-; el desconcierto del partido, de los militantes y simpatizantes -votantes al fin- tras el cambio radical de rumbo político; el más que previsible batacazo electoral de 2011; el empecinamiento de Rubalcaba en seguir dirigiendo el partido; la indecisión en el tipo de oposición al gobierno; etc. Creo, sin embargo, que todas estas razones, y otras tantas no citadas, se pueden resumir bien en una: los electores de izquierda ya no se fían del PSOE y buscan una opción que concuerde con sus planteamientos. Probablemente IU da, hoy por hoy, esa opción a muchos votantes del PSOE.

Suele haber, pese a todo, una cierta creencia en que, a la hora de la verdad, cuando haya que meter la papeleta en las urnas, el votante del PSOE volverá a introducir en el sobre la candidatura socialista, que no se atreverá a darle su confianza a IU. Puede ser, claro. Pero también puede no ser y encontrarse el PSOE huérfano de apoyos y en una situación aún más deplorable que la actual, al borde incluso de la desaparición o de la irrelevancia política e institucional.

El problema para el PSOE ya no es cómo evitar esto, sino cómo gestionar lo que es más que probable que le va a pasar. La hipótesis del tercer puesto (o cuarto) y de sus consecuencias debería centrar ya sus reflexiones y sus decisiones internas.

jueves, 2 de mayo de 2013

NO SON AJUSTES

El ideal de un Estado mínimo es el objetivo de todo liberal y de ahí su empeño en disminuirlo cuanto sea posible. El argumento que utilizan es que el Estado se ha sobredimensionado asumiendo tareas que no le son propias y que las relaciones privadas entre individuos resolverían mejor. Suele añadirse al argumento que ese Estado mastodóntico es económicamente insostenible, porque necesita de altos impuestos para mantenerse y, por ello mismo, limita y coarta la libertad individual. Por eso el otro mantra liberal es la reducción de impuestos y que cada consumidor de servicios pague lo que consume.

Intencionadamente o no, este neoliberalismo olvida que una de las tareas fundamentales del Estado, en tanto que organización de toda la comunidad de ciudadanos, es la redistribución de la riqueza de manera que ningún ciudadano viva por debajo de las condiciones de dignidad propias de cualquier ser humano cubriendo con la abundancia de unos la escasez de otros. Por eso se reivindican impuestos suficientes y, desde luego, progresivos, además de un Estado laico (neutral) también en materia económica (esa nueva religión).

Desde 1789 (no desde 1776) Europa se ha construido sobre tres valores fundamentales: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y ni la libertad es solo la libertad económica, ni la igualdad es únicamente la igualdad de oportunidades, ni la fraternidad (la solidaridad) es caridad. Y el Estado, el Estado democrático, debe proteger y garantizar la libertad, la igualdad y la solidaridad de los ciudadanos y entre los ciudadanos. Seguro que eso es más caro, pero socialmente es más justo y moralmente más debido y felicitante.

Son éstas dos formas de entender el espacio político (liberal, una; socialista -socialdemócrata-, otra) y durante años se han sabido mantener en equilibrio. Lamentablemente ese equilibrio está roto y el liberalismo pretende hacer valer solo sus tesis y todas sus tesis. Y recortan, claro que recortan los servicios sociales que los ciudadanos consiguieron. No son ajustes para devolver a la sociedad civil lo que de la sociedad civil es, sino recortes a lo que es de todos y ha surgido del esfuerzo de todos para la protección de todos.

Intencionalmente o no, este neoliberalismo olvida que los fundamentos últimos de la libertad individual que defienden con tanto esmero son la propiedad privada y el derecho individual a portar armas, como permanentemente recuerda la NRA (National Rifle Association). Tradición que, afortunadamente, ni es de ni está en Europa. Hoy, dos de mayo, seguro que es un buen día para recordar estas cosas.

miércoles, 1 de mayo de 2013

1º DE MAYO: DÓNDE ESTÁ EL MOVIMIENTO OBRERO (III)

A la vista está que los dos grandes sindicatos de clase siguen empeñados en la misma estrategia que les ha llevado a donde están, a tener cada vez menos presencia e influencia. Insisten en la negociación, en la mano tendida, en los mecanismos que funcionaron en la segunda mitad del siglo XX pero que hoy, lo vean o no, ya no sirven (he visto este uno de mayo tantas grandes superficies abiertas que ya tengo claro que no es el día internacional de los trabajadores, sino un día más de trabajo en vete a saber qué condiciones precarias).

Hoy se reclamaba a voz en grito, en tono de arenga, un pacto nacional para cambiar el modelo económico. Un pacto, otro pacto mientras siguen desmontando todo el sistema de servicios públicos y dejando en la calle a más de seis millones de ciudadanos, echándoles de sus casas y recortando los derechos de todos. Un pacto nacional. ¿Qué pacto? ¿Con quiénes van a pactar estos que tienen todo el poder (político, económico, ideológico)? ¿A quiénes tomarán como interlocutores a su altura? O lo que es lo mismo, con un poder que pueda hacer frente a su poder.

Sin duda hay que descartar la violencia, toda violencia, pero creo que hay que reivindicar la radicalidad de los trabajadores frente al abuso del neocapitalismo. Los sindicatos, si quieren ser de clase, tendrán que asumir de una vez por todas que hay que reinventar la conciencia de clase, empezando por ellos mismos. Y dejar de ofrecer pactos que solo servirán para que se haga más patente su debilidad. Termino con una frase de Martin Luther King: nadie da sus privilegios sin una fuerte resistencia.