miércoles, 1 de mayo de 2013

1º DE MAYO: DÓNDE ESTÁ EL MOVIMIENTO OBRERO (III)

A la vista está que los dos grandes sindicatos de clase siguen empeñados en la misma estrategia que les ha llevado a donde están, a tener cada vez menos presencia e influencia. Insisten en la negociación, en la mano tendida, en los mecanismos que funcionaron en la segunda mitad del siglo XX pero que hoy, lo vean o no, ya no sirven (he visto este uno de mayo tantas grandes superficies abiertas que ya tengo claro que no es el día internacional de los trabajadores, sino un día más de trabajo en vete a saber qué condiciones precarias).

Hoy se reclamaba a voz en grito, en tono de arenga, un pacto nacional para cambiar el modelo económico. Un pacto, otro pacto mientras siguen desmontando todo el sistema de servicios públicos y dejando en la calle a más de seis millones de ciudadanos, echándoles de sus casas y recortando los derechos de todos. Un pacto nacional. ¿Qué pacto? ¿Con quiénes van a pactar estos que tienen todo el poder (político, económico, ideológico)? ¿A quiénes tomarán como interlocutores a su altura? O lo que es lo mismo, con un poder que pueda hacer frente a su poder.

Sin duda hay que descartar la violencia, toda violencia, pero creo que hay que reivindicar la radicalidad de los trabajadores frente al abuso del neocapitalismo. Los sindicatos, si quieren ser de clase, tendrán que asumir de una vez por todas que hay que reinventar la conciencia de clase, empezando por ellos mismos. Y dejar de ofrecer pactos que solo servirán para que se haga más patente su debilidad. Termino con una frase de Martin Luther King: nadie da sus privilegios sin una fuerte resistencia.

martes, 30 de abril de 2013

REPARTIÉNDOSE EL PASTEL

Se acaban de aprobar los pliegos con las condiciones para adjudicar la gestión de seis hospitales públicos de Madrid, eso a lo que los fundamentalistas llaman externalización y que cualquier ciudadano llama privatización, porque la gestión la harán empresas privadas. En junio se adjudicarán los servicios y en septiembre comenzará la gestión privada, según ha explicado el ideólogo Salvador Victoria, Consejero de Presidencia y Justicia -y portavoz del Gobierno- de la Comunidad de Madrid, del PP.

Podrán envolver todo el proceso con la retórica que quieran, pero eso no evitará que los ciudadanos tengamos la sensación (y la sospecha fundada en casos concretos y no lejanos) de que se están repartiendo el pastel. Nadie en su sano juicio puede pensar que las empresas que acudan a las adjudicaciones lo hacen con afán altruista. No. La empresas privadas -éstas o las que sean- tienen una única lógica: ganar dinero, hacer buen negocio, hacer rentable su inversión, obtener beneficios. Las empresas que concursen (y que se repartirán el pastel de la sanidad de los madrileños) querrán ganar cuanto más mejor, sea a cuenta de los ahorros salariales, sea a cuenta de los ahorros en material, sea a cuenta de los ahorros en servicio a los enfermos. O sea a cuenta de todo ello. Si pensaran que van a perder dinero o que no van a ganar lo suficiente es seguro que no concursarían.

El Gobierno del heredero/Presidente de la Comunidad de Madrid, González González, del PP, está empeñado en llevar las tesis neoliberales hasta el final y dejar al mínimo los servicios públicos. Saben perfectamente que muchos ciudadanos se oponen a ello, pero les da igual. Saben que los profesionales se oponen, pero les da igual. Saben que no han presentado las cuentas que demostrarían los beneficios para los ciudadanos, pero les da igual. Si pudieran suprimir a todos los funcionarios firmando un papel, no tengo ninguna duda de que firmarían inmediatamente y con sumo placer. Ya sabemos a quiénes sirven estos servidores públicos.

lunes, 29 de abril de 2013

LOS AÑOS DE HISTORIA NO SON UNA VACUNA

La Democrazia Cristiana (DC) gobernó Italia durante algo más de cuarenta años, unas veces en solitario, otras con el apoyo del Partito Comunista Italiano, aún otras en coaliciones más amplias. Hoy no existe. Se disolvió en 1994, cincuenta y dos años después de su fundación.

El Partito Comunista Italiano (PCI) fue fundamental para la gobernanza de Italia durante los años setenta del siglo pasado y contó con más apoyo electoral que el Partito Socialista Italiano, siendo el partido de referencia de la izquierda. Hoy no existe. Se disolvió en 1991, setenta años después de su fundación.

El Partito Socialista Italiano (PSI) también colaboró activamente en la política de Italia y efectivamente llegó a gobernar en una gran coalición de cinco partidos. Hoy no existe. Se disolvió en 1994, ciento dos años después de su fundación.

Casi se pueden oír las voces de todos aquellos militantes, de cualquiera de los tres partidos, diciendo que era imposible que desaparecieran. ¿Desaparecer? ¡Imposible! Pero lo cierto es que sí, que efectivamente desaparecieron. Algo así ocurre cuando avisas a un mal estudiante de lo que le puede pasar si sigue así (el suspenso, la repetición de curso, la salida del sistema) y, con todo convencimiento, dice que a él eso no le va a pasar, como si estuviera vacunado contra los desastres. Y les pasa, claro que les pasa lo anunciado.

Sigo insistiendo en que nada garantiza que el PSOE no pueda desaparecer (o perder toda o casi toda representación institucional relevante) y el riesgo es alto, lo crean o no. Más alto cuanto menos  y cuantos menos lo crean. Sus 134 años de historia no son una vacuna.