Vencerá el cumplimiento de la ley del
Estado de Derecho o el secesionismo rebelde, pero ya hemos perdido
todos porque, otra vez, las tripas nacionalistas de unos y otros nos
han llevado al odio fratricida, a las listas de afectos y desafectos,
al pathos del maniqueísmo bruto de la pasión incapaz de
compasión, de simpatía y aún menos de empatía.
Ya ilustró el ilustrado Goya en su
Duelo a garrotazos lo que estamos viviendo otra vez: cada cual
anclado en sus posiciones, impedidos para evitar el choque, dando y
recibiendo garrotazos hasta el (des)fallecimiento del otro. Esta vez,
los garrotes son los mástiles de las banderas que envuelven las
coartadas de los duelistas -el derecho a decidir, el cumplimiento de
la ley, la democracia, el Estado de Derecho, la voluntad del pueblo,
la Constitución…-. Lo cierto es que ya da igual quién es quién
en esta negra pintura negra; da igual quién ha provocado el duelo;
da igual quién triunfe al fin porque ambos saldrán – como todos
saldremos- malheridos, si es que sobreviven.
Quién sabe qué pasará el domingo y
en los días siguientes, si seremos capaces de desenterrar las
piernas, tirar los garrotes y curarnos mutuamente las heridas
-negociando, reformando, votando legalmente-, o si otra vez la
sinrazón ganará la partida. Pero lamentablemente por todas partes
huele a venganza y a ajuste de cuentas.
* Publicado en Crónica Popular. En Candela. 30.09.2017
https://www.cronicapopular.es/2017/09/jesus-pichel-duelo-a-garrotazos/
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