miércoles, 4 de septiembre de 2013

ZORROS GUARDANDO EL GALLINERO

Desde aquel tamayazo que le dio (es un decir) al PP el gobierno de la Comunidad de Madrid, en Madrid estamos sufriendo los alardes de ese fundamentalismo neoliberal del que han hecho bandera el actual heredero/Presidente, González González, y, sobre todo, su jefa, Aquirre, la condesa cazatalentos, además de sus Consejeros, tan creyentes todos en su ideología. Y, como neoliberales, se están dedicando desde entonces a desmontar sistemáticamente todo el sistema de servicios públicos (educación, sanidad, servicios sociales, etc.) con el eufemismo de la externalización de la gestión y con los más que discutibles argumentos de la eficiencia y la austeridad.

Con dolor debo decir que en educación van conseguido lo que pretendían: precarizar la escuela pública (dejando de contratar a miles de profesores, aumentando el número de alumnos por aula, incrementando las horas lectivas de los profesores y, en general, desprestigiando y despreciando a los profesores funcionarios, por ser funcionarios) y potenciar la escuela confesional privada concertada (incluyendo a las escuelas que separan a niños y niñas). Los esfuerzos de la marea verde se diluyeron entre todas las demás mareas cuando el acoso a lo público se generalizó. Pese a la dedicación y la entrega de miles de profesores defendiendo la escuela pública y haciendo más que dignamente su trabajo, lo cierto es que hoy está en peores condiciones que antes. Algo que efectivamente podría pasar también en la sanidad pública.

Aunque con la sanidad parece que no les va a resultar tan fácil. Primero, porque es un problema que afecta a todos los ciudadanos en primerísima persona; además, porque todo el proceso ha sido tan burdo que se les han visto bien a las claras sus intenciones (y sus intereses no estrictamente políticos); y, más allá, porque afortunadamente está interviniendo la justicia paralizando cautelarmente el proceso. De ahí el enfado grosero del ideólogo Fernández Lasketty que sigue evitando dar los datos de ese supuesto ahorro millonario que generará la gestión privada, pero que no podrá evitar dar alguna explicación a los inversores.

Si finalmente estos fundamentalistas consiguen lo que quieren se completará la paradoja de ver cómo los servidores públicos (eso deberían ser los gobiernos y los gobernantes), encargados de velar por los servicios públicos, los desmantelan para que empresas privadas hagan negocio con lo que debería ser de todos. Tan disparatado como poner zorros guardando gallinero.

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