Mucho se ha hablado durante estos días del alma
republicana del partido, de la vocación de izquierdas de sus bases,
de su punto ácrata,
etc. Pues se acabaron los mitos: la
mitad de sus militantes han elegido la opción más parecida y más
cercana a lo que durante estos años de permanente declive ha sido el
partido; si ésta era la oportunidad de girar realmente
a la izquierda, la mitad de las bases ha
preferido no aprovecharla y ha elegido no moverse de donde están.
Mucho tendrá que esforzarse el nuevo secretario
general para convencer a ese electorado que dejó de votarles (y a la
mitad de sus militantes) de que efectivamente las cosas se van a
hacer de otra manera.
Pérez Tapias ha insistido en la necesidad de que
el PSOE se reubicase en la izquierda y del riesgo cierto de
desaparecer o de quedar reducido a un papel testimonial (como ha
ocurrido a otros partidos socialistas en Europa) si no lo hace.
Parece, sin embargo, que los militantes no se lo creerán hasta que
efectivamente ocurra. Y claro que puede ocurrir. Yo mismo escribía
en abril de 2013 que los años de
historia no son una vacuna y citaba la
desaparición de partidos de gobierno centenarios (como el PSI, por
ejemplo) para advertir de ese mismo riesgo.
Habrá que esperar a ver qué hace el nuevo secretario general, pero los partidos que han recogido esos votos de izquierda que tuvo el PSOE, están de enhorabuena.
Habrá que esperar a ver qué hace el nuevo secretario general, pero los partidos que han recogido esos votos de izquierda que tuvo el PSOE, están de enhorabuena.
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