
Le ha pedido Rubalcaba que se marche: le pido un acto de generosidad, ha dicho. En realidad le debería haber pedido un acto de patriotismo, porque sabe perfectamente Rajoy que ahora mismo está haciendo daño a España empeñándose en no dimitir; que dejar el gobierno a alguien de su partido que no esté envuelto en este asunto, sería una fórmula limpia que añadiría un plus a esa confianza exterior que aparentemente tanto le preocupa. Por eso decir no a su dimisión es decir no a los ciudadanos y, desde luego, no es un acto ni responsable ni patriótico.
La investigación de los papeles de Bárcenas sigue en marcha y quién sabe qué nuevos datos, ciertos o no, irán apareciendo y dañando la imagen ya muy deteriorada de Rajoy. Y porque seguramente él es consciente de la fragilidad política en la que está inmerso, hoy su vicepresidenta se ha quedado sentadita en el escaño y ha sido Alonso (que ya se quemó en aquella Comisión que impidió la comparecencia de Rajoy) el que ha subido a la tribuna a terminar de achicharrarse políticamente. No me extraña que le haya abrazado cuando se ha cruzado con él. Rajoy hoy ha dicho no a los hechos que se le sospechan y no a la petición de dimisión, un no tan expresivo y tan rotundo como el que muchos ciudadanos diríamos si nos preguntasen si le creemos: no.
* Publicado en ElPlural.com. Opinión. Tribuna Libre. 01.08.2013
* Publicado en ElPlural.com. Opinión. Tribuna Libre. 01.08.2013
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