miércoles, 26 de diciembre de 2012

EL DISCURSO DEL REY

Este año sí he visto el discurso del Rey. No, no durante la cena familiar del día 24, claro, sino después, para ver qué le habían escrito este año. Puro morbo, ya lo sé, pero como el año pasado dijo sin tartamudear aquello tan chusco de que la ley es la misma para todos -él, que es legalmente inviolable-, pues tenía curiosidad por saber qué sorpresa entrañable guardaba el discurso navideño del Borbón.

Y he encontrado dos, aunque a lo mejor es una solo, no lo sé. A ver: minuto dos, plano medio, habla del pesimismo, de sus consecuencias en el clima social y del desapego a las instituciones; minuto dos y veinte segundos, plano más amplio para hablar de cómo hacer frente a ese pesimismo: cabe encontrar nuevos modos y formas de hacer algunas cosas que reclaman una puesta al día, dice literalmente; y, por último, en el minuto dos y cuarenta segundos (tras hablar de la compatibilidad de austeridad y crecimiento) va y dice: las renuncias de hoy han de garantizar el bienestar de mañana

Que el Rey, como Jefe del Estado, diga que hay cosas que reclaman una puesta al día y que las renuncias de hoy han de garantizar el bienestar de mañana, no sé si interpretarlo como una invitación a buscar fórmulas republicanas para poner al día la Jefatura del Estado o como el anuncio de una próxima abdicación en favor de su hijo y heredero (que no en favor nuestro). Si me dan a elegir, y si se trata de garantizar el bienestar, me quedo con la opción republicana.

De todas formas, me temo que cabe otra lectura más real (y más realista): que como el año pasado (en general, como siempre) esté hablando para los demás y no para aplicárselo a sí mismo.

[No sean malpensados, el de la foto no es un león abatido en una cacería, sino uno de los leones del Biopark de Valencia echándose una buena siesta]

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