martes, 4 de junio de 2013

LA IDEOLÓGICA LOMCE

Por segunda vez el tertuliano/Ministro de Educación etc., José Ignacio Wert, ha reconocido que la LOMCE tiene algunos aspectos ideológicos; que la ideología está presente en prácticamente todas las facetas; que el funcionamiento básico del sistema está un poco al margen de ese matiz ideológico. Pues sí y no, claro.

Como el tertuliano/etc. Wert no es idiota (por más que quieran presentarlo como un bobo no lo es) sabe perfectamente que lo que dice es cierto, pero solo en parte. Reconoce que en su LOMCE hay ideología, aunque rápidamente lo rebaja al generalizarlo: en todo hay ideología, así que en esta ley también, viene a decir. Para afirmar a continuación, contradiciendo lo antedicho, que aunque haya ideología, no todo es ideológico: el funcionamiento básico no lo es. Pero como no es idiota sabe perfectamente que sí, que también los elementos aparentemente más neutros de su reforma son estrictamente ideológicos y nada neutrales, nada asépticos, nada tecnocráticos.

Lo que está en juego es profundamente ideológico: si la enseñanza pública (y la sostenida con fondos públicos) debe ser selectiva o inclusiva; si es mejor que unos pocos sepan mucho y unos muchos sepan poco, o si es preferible que todos sepan cuanto más, aunque sea menos; si el sistema educativo está enfocado a formar líderes productivos y trabajadores sumisos o si debe formar ciudadanos libres y cultos; si el objetivo es hacer que los alumnos sean competitivos o si competentes. O sea, que lo que realmente está en juego en el funcionamiento básico es un viejo problema en las relaciones políticas: la igualdad.

Para el liberalismo la igualdad es puramente formal, genérica, abstracta: los humanos en tanto que humanos somos iguales (nadie es más ni menos ser humano que otro). Para el socialismo la igualdad, además, debe ser material al menos en las necesidades básicas, que deben estar cubiertas. Por eso el liberalismo ha ido transformando el concepto de igualdad en un sucedáneo, la igualdad de oportunidades, a la vez que ha desquiciado la igualdad material calificándola de igualitarismo. Lo estúpido (y lamentable) es que buena parte de los partidos y sindicatos de izquierda europeos aceptaron la rebaja y la nomenclatura renunciando a lo que debería ser suyo e irrenunciable: la igualdad no de salida (la de oportunidades), sino de llegada (que todos podamos vivir dignamente).

Por eso la enseñanza debe ser inclusiva (obligatoria para todos los ciudadanos hasta los 16/18 años sin distinción ni discriminación alguna) y debe ser entendida como una herramienta de igualación social, tanto de salida como de llegada. Y eso el neoliberalismo misionero del PP, filofranquista y nacionalcatólico  no lo aceptará jamás.

Hacer que los alumnos tempranamente decidan itinerarios que les alejarán de la formación académica, introducir filtros de selección en el sistema disfrazados de pruebas objetivas externas -que clasificarán a alumnos y Centros-, permitir que se financien con fondos públicos colegios en los que se separa a los niños y a las niñas -la escuela segregada, que ellos llaman diferenciada-, equiparar la asignatura de Religión a cualquiera de las demás, por solo citar algunas de las medidas que aparecen en la LOMCE, literalmente va en contra de la inclusividad (de la igualdad) y a favor de la selección (de la discriminación). Y el Pilarista lo sabe.

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