domingo, 10 de febrero de 2013

QUIÉN SERÁ

Una de las hipótesis que se están barajando para acabar con la crisis política e institucional que vivimos (la otra, la económica, parece que se da por perdida de antemano hasta 2020) es el gran pacto de Estado, tras la dimisión o la destitución de Rajoy, con un gobierno de unidad nacional o, al menos, de los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, presidido bien por un político del Partido Popular, bien por un tecnócrata independiente, un Monti de consenso.

Un pacto y un gobierno así, dicen sus defensores, serviría para recomponer las relaciones cada vez más deterioradas entre los políticos y la ciudadanía -con pactos sobre la corrupción y la ley electoral-, para estabilizar a la Corona y para restablecer el diálogo y la paz social -con pactos con las patronales y los sindicatos-. Y para ambas salidas ya se manejan nombres: un Núñez Feijoo, un Ruíz Gallardón, un Pizarro, un Piqué, etc.

Sinceramente, no lo veo. Primero porque no parece que el PP esté dispuesto a perder poder precísamente cuando más poder tiene, por muy en entredicho que esté su imagen y por muy bajo sospecha que estén sus dirigentes. Segundo porque el PSOE de Rubalcaba literalmente se estaría jugando su desaparición: si la sangría de votos ahora es constante, en esa situación podría ser total.

Sí me parece posible (tan posible como poco deseable) un gobierno a lo Monti, impuesto desde Europa (o sea, desde Alemania) y sin pasar por las urnas, pero apoyado por la mayoría absolutísima (mayoría soberbia) que tiene el PP en el Parlamento y en la mayoría de las Comunidades Autónomas. El fundamentalismo neoliberal seguro que está ya buscando a ese alguien, si es que no lo tiene ya entrenándose.

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