lunes, 27 de mayo de 2013

ESTEREOTIPOS ANDROCÉNTRICOS

En las poquitas clases de Educación Ético-Cívica de 4º de ESO (como máximo 35 en todo el curso) inevitablemente se trata sobre la violencia de género. En este nivel, son chicas y chicos de 15 o 16 años y muchos de ellos están viviendo o han vivido recientemente sus primeras relaciones sentimentales. Relaciones muy inestables, claro, muy breves, pero para quien las vive enormemente intensas. Si recordamos nuestros quince años seguro que reconoceremos esos sentimientos, esa sensación de estar descubriendo y estrenando el mundo.

No tengo estadísticas, evidentemente, pero sí la experiencia de años oyendo a chicos y chicas (en esta materia o en sus equivalentes anteriores) dando sus opiniones sobre estos asuntos y argumentando (intentando argumentar, entrenándose en argumentar) esas opiniones. Y lo cierto es que año tras año se repiten los mismos estereotipos androcéntricos tanto en ellas como en ellos. Una mayoría muy amplia (por no decir un rotundo todos) entiende los celos como una prueba de amor (si no me quisiera no tendría celos, suelen argumentar, o si tiene celos es que le importo). Puestos a prueba, por ejemplo diciéndoles que los celos son prueba de que se quiere a sí mismo/a, no de que quiere a su pareja, lo niegan absolutamente. Pero más grave, mucho más grave, es que prácticamente ninguna entiende como agresión los insultos, las amenazas, las prohibiciones o los zarandeos de su pareja. Y ellos no reconocen que eso sea maltrato, ni que pueda tener relación con la violencia doméstica de género. Más: ellos y ellas consideran lógico o natural (esas son las palabras que suelen utilizar) que él imponga prohibiciones sobre el vestuario o sobre ir con otros chicos si no está él, pero no que ella haga lo mismo. En todos los casos, ni ellas ni ellos se consideran machistas (esa es la palabra que usan, claro), aunque ellas sí dicen que ellos lo son, aunque alguna matiza que no le importa. Podría seguir poniendo ejemplos reales, pero no merece la pena porque todos abundan en lo mismo.

Estoy seguro que no solo en estas poquísimas clases, sino en otras clases de otras materias salen estos asuntos de una u otra forma. Y estoy seguro de que todos intentamos trasladarles la misma idea de rechazo absoluto a la violencia de género (y a toda violencia, claro), y de advertirles a ellas y a ellos de lo que está detrás de ella. Sin embargo luego pasa lo que pasa: que en el imaginario los valores y papeles de género más tradicionales lamentablemente siguen vigentes. Claro que tendremos que seguir insistiendo en las clases, pero seguro que eso no será suficiente. Mientras no haya una movilización de todos y un rechazo nítido de toda la sociedad -además de las actuaciones legales- esta brutalidad no parará. Recuérdese cómo se erradicó fulminantemente la violencia de los profesores en los colegios: con el rechazo nítido e incondicional de todos (y con leyes, claro). Pues eso.

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