miércoles, 23 de enero de 2013

EL DERECHO A DECIDIR

Nadie puede dudar de que el derecho a decidir por uno mismo está en el fundamento de cualquier sistema democrático, de manera que el sufragio siempre se entiende como universal (de todos los que poseen la condición de ciudadanos), directo (emitido por votante) y secreto (no sometido a ninguna presión ni coacción). De determinar quién tiene la condición de ciudadano se encargan las leyes (desde la mismísima Constitución hacia abajo), pero la máxima un hombre, un voto inevitablemente está en los cimientos de esas leyes. ¿Quién podría negar democráticamente ese derecho a decidir a los ciudadanos? Nadie.

El Parlament de Catalunya acaba de aprobar la Declaració de sobirania i el dret a decidir del poble de Catalunya, presentada (y apoyada con sus votos) por CiU, ERC e ICV-EUiA, que evidente y explícitamente incluye su derecho a decidir. Y parece que, democráticamente, es difícil no reconocérselo. Pero la cosa no es tan sencilla porque nos lleva a una paradoja.

Para poder otorgarse el derecho a decidir, previamente tienen que otorgarse la soberanía, esto es, el reconocimiento de su autoridad como máxima autoridad que no reconoce otra superior sino la del pueblo. O sea, autodeclararse sujeto político.Y ahí está el problema, claro.

Los ciudadanos catalanes ya tienen derecho a decidir, reconocido en la Constitución, pero lo tienen en cuanto ciudadanos españoles. Y la Constitución no reconoce ni otra ciudadanía distinta a la española, ni otro sujeto político que el pueblo español -que incluye a los catalanes-: autodeclararse sujeto político es ponerse abiertamente fuera de la misma Constitución que sustenta y legitima al Parlament y privar del derecho a decidir al resto de los españoles que, quieran o no, están involucrados.

La paradoja, claro, es que o desde el Estado español se niega democráticamente el derecho a decidir al poble de Catalunya, o desde la Soberania catalana se niega democráticamente el derecho a decidir al resto de los españoles.

No sé cuántas veces lo he escrito ya: ojo a los nacionalismos, al españolista, al catalanista o al que sea que anteponen la exaltación de las tripas de la nación a la racionalidad del Estado; que no entienden más Estado que el que emana de un sentimiento nacional que se impone a todos y excluye a los distintos. Y esto vale para unos y otros.

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