Que los cuarenta y cuatro años de estabilidad y crecimiento (siempre relativos, sin duda) que hubo en Europa entre 1945 y 1989 se han terminado definitivamente sí parece claro. Tan claro como que hay hoy un nuevo mapa geopolítico (y geoeconómico) en el que Europa no tiene el papel relevante que hasta entonces tuvo. Así se entienden mejor el euroescepticismo británico, el empeño alemán por controlar toda Europa y la perplejidad -la debilidad- francesa al quedarse sin papel protagonista en la función.
Puede que el neoliberalismo (Thatcher, Reagan y sus herederos ideológicos en toda Europa) haya entendido mal la historia al entender esos cuarenta y cuatro años simplemente como una tregua en su batalla particular contra el socialismo; que la unidad de Europa -en realidad, la unidad de los mercados- pasaba por la unanimidad ideológica. Pero ya sabemos qué pasa en Europa cuando se intenta imponer una ideología. Más aún si tiraniza y machaca a la gente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario