
No sé quién será esa parroquia de la que habla: quizá los más críticos con su gestión, quizá los que sospecha que están maniobrando para moverle la silla, quizá la poquita prensa de izquierda que va quedando y le critica, o quizá los ciudadanos que han decidido no volver a votar al PSOE en próximas convocatorias. Si esa es la parroquia, sí sé que no es ilusión lo que han perdido, porque no se puede perder lo que no se tiene, así que seguramente no ha desilusionado a nadie ni de dentro ni de fuera de un partido que cada vez es menos partido porque está más partido que nunca.
Pues nada, que siga con la alquimia hasta fin de contrato. Lo malo es que ese fin de contrato pudiera coincidir con el fin -la desaparición literalmente- del partido. No tengo datos concretos, evidentemente, pero me da que nadie en la ejecutiva ni en sus alrededores, nadie en ninguna cúpula del PSOE, se está tomando en serio el peligro cierto de desaparición del partido, como si sus 134 años de historia garantizaran su existencia, como si no hubiese ejemplos sobrados de partidos históricos europeos -y bien cercanos- que han desaparecido. Lo quieran ver o no, la parroquia se puede quedar vacía de parroquianos, hartos de estar hartos.
Pues nada, que siga con la alquimia hasta fin de contrato. Lo malo es que ese fin de contrato pudiera coincidir con el fin -la desaparición literalmente- del partido. No tengo datos concretos, evidentemente, pero me da que nadie en la ejecutiva ni en sus alrededores, nadie en ninguna cúpula del PSOE, se está tomando en serio el peligro cierto de desaparición del partido, como si sus 134 años de historia garantizaran su existencia, como si no hubiese ejemplos sobrados de partidos históricos europeos -y bien cercanos- que han desaparecido. Lo quieran ver o no, la parroquia se puede quedar vacía de parroquianos, hartos de estar hartos.
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